viernes, 30 de octubre de 2009

Carlos Fuentes






















"A Thousand Kisses Deep"



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jueves, 29 de octubre de 2009














"Tu Más Profunda Piel"

Julio Cortázar


Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía -sábelo, allí donde estés-
es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa, en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.
No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacía de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que
sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda
y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas,
imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco
amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros,
y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes,
entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma,
máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído
y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro. Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y
las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste
" Me da pena, y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca
era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que
ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo. Dijiste "Me da pena, sabes", y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos.
Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo como poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me
devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una
misma estremecida réplica.
Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada. Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena.
Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta,
quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.

Último round, Buenos Aires, Ed. Siglo Veintiuno editores, 1969. pp.93-96








"This Hour has Seven Days"

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Farinelli: "Lascia ch'io pianga"
La Libertad...

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THINK




"All that we are is the result of what we have thought.
The mind is everything. What we think we become”. Buddha



Alexandra Burke:
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Writing...

Eyes on Ice












Dan Gilbert: Why are we happy? Why aren't we happy?

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Elizabeth Gilbert: Creativity



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"If I am truly to become an autonomous woman, then I must take over that role of being my own guardian...I not only have to become my own husband, but I need to be my own father, too."

— Elizabeth Gilbert (“Eat, Pray, Love”: One Woman's Search for Everything across Italy, India and Indonesia)

Passion: "a writer’s secret life"

La pasión de Sergio Pitol

Sofía Mercado


En Pasión por la trama, de Sergio Pitol, Premio Juan Rulfo 1999, el lector no puede dejarse llevar por las apariencias ni debe aventurarse en juicios prematuros. Sobre todo porque la verdadera pasión del autor por la trama está al otro lado de la barrera de nuestros cálculos, más allá del simulado juego de máscaras y pistas falsas que conforman este libro de relatos: un aparente desorden sin concierto donde, sin embargo, desde el inicio, ya se vislumbran los primeros fulgores de ese amplísimo universo que es el arte y la literatura al que Pitol coloca un espejo con el propósito de recrearlo. Mediante sus propias tramas, no exentas de trampas, este autor mexicano explora tramas ajenas para describir el goce estético que a lo largo del camino le han provocado las obras de otros autores: Don Juan, de Moliere; Don Giovanni, de Mozart; los últimos cuartetos de Beethoven: el placer inmediato o instantes de placer que, "entre más intensos no pueden despojarse de un grano de desesperación porque contienen ya un pregusto de la muerte". La experiencia estética ante la cual Pitol no asume una mera actitud contemplativa. Su fervor por la literatura y su capacidad para el análisis lo llevan a encontrarle nuevos fondos a la forma. "Uno, de eso soy consciente, no busca la forma, sino que se abre a ella, la espera, la acepta, la combate. Pero siempre es la forma la que vence. Cuando no es así el texto está podrido".
En Pasión por la trama es precisamente la forma la que determina el enigma de sus historias. Los relatos de Pitol, a la vez ensayos al servicio del arte, nos describen su prolongada estancia en Europa y sus diferentes periodos narrativos en "El sueño de lo real", donde por un lado confiesa: "Soltar amarras, enfrentarme sin temor al amplio mundo y quemar mis naves fueron operaciones que en sucesivas ocasiones modificaron mi vida y, por ende, mi labor literaria. En esos años de errancia se conformó el cuerpo de mi obra". Y por otro advierte: "Si es cierto que las pulsiones de la niñez nos acompañarán hasta el momento de morir, también lo es que el escritor deberá mantenerlas a raya, evitar que se conviertan en un candado para que la escritura no se convierta en cárcel, sino en reserva de libertades". Gracias a esa libertad, que en Pasión por la trama se convierte en el cuerpo mismo de la escritura, el autor nos pasea por el mundo del arte y la literatura para darnos a conocer las diferencias abismales entre Julio Verne y Salgari; el Moscú de Walter Benjamin: "El Moscú de la desinformación, de las verdades a medias, y las mentiras barnizadas por capas de dudosa virtud"; para después llevarnos a una peregrinación por los santuarios más célebres de la cultura alemana: Thomas Mann, "una isla que he concebido siempre como tierra firme", Hölderlin, Hegel, Schelling, Broch, Rilke, Nietzsche, Goethe, Schumann y Brahms, entre otros. En Pasión por la trama, un libro configurado de modo novelístico, Pitol nos ofrece su muy personal y directa impresión de la vida y de la creación literaria: "Aquello que da unidad a mi existencia es la literatura; todo lo vivido, pensado, añorado, imaginado está contenido en ella. Más que un espejo es una radiografía: es el sueño de lo real".
La verdadera patria de Pitol es la escritura; una escritura alimentada de diversas obras y autores: Gogol, "el más enigmático de los escritores rusos, el más satírico, uno de los más grandes destructores de tabúes", "el que rasgó los velos de la ficción y nos mostró la vulgaridad, la codicia y la estupidez". Chejov: "Un escritor en transición situado entre dos mundos", "el escritor más difícil de la literatura rusa, puesto que bajo un máximo de aparente transparencia se oculta un núcleo cerrado que escapa a toda formulación crítica". Schnitzler: "Un escritor que anticipa el carácter sonámbulico de los habitantes de esa realidad (el Imperio de Viena) carente de realidad". Italo Calvino: "Una afirmación de fe en la literatura: hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede expresar".
Kusniewicz: "Un escritor que crea en torno a la barbarie un cerco de exaltación a la naturaleza". Nabokov: "El efecto del estilo es clave para la literatura", y su fórmula: "Forma (estructura y estilo) = Materia; el por qué y el cómo = el qué", "un consejo que de seguirlo, podría dar un renacimiento en la novela mexicana". Antonio Tabucchi: "La elegancia ligera, el sabio sentido de la economía del relato, el permanente registro lúdico", virtudes que lo alejan de todo pathos innecesario. Alvaro Mutis y su Maqroll, el gaviero, un personaje inasible o, como dice Pitol: "El oscuro hermano gemelo que alguna vez debió haber soñado Alvaro Mutis", una frase, al parecer tomada de una cita de William Faulkner: "A novel is a writer’s secret life; the dark twin of a man". José Donoso: "Un hombre que luchaba a brazo partido con su trama y se sumergía a diario en sus infiernos personales". Carlos Fuentes y su región más transparente: "Un caldero cáustico donde se reúnen los elementos más disímiles e incompatibles: prostitutas callejeras y damas de abolengo, intelectuales y albañiles y otros encubiertos por una neblina mítica". Carlos Monsiváis: "Escritor de la cultura popular quien al abstraerse de la razón teológica se concentra en la manifestación retórica del debate". Dickens y sus grandes esperanzas: "La historia de una educación sentimental", "el verdadero conocimiento de uno mismo y del mundo: el triste y noble encuentro con la realidad". Henry James: "Sujeto antiheroico que se conforma con exaltar el exilio interior como única posibilidad de enfrentarse a la corrupción y a la mezquindad que lo circundan". Ivy Compton-Burnett, la única autora que analiza Pitol: "Una pensadora radical, uno de los raros casos heréticos modernos; la mayor novelista trágica de la literatura inglesa contemporánea". Y Conrad: "Sus obras, que ocurren en los pliegues más secretos del alma, están pobladas por ráfagas de ironía corrosiva".
En Pasión por la trama, un recorrido aparentemente excéntrico por los caminos del arte y la literatura universal, el lector es quien debe despejar la incógnita propuesta para descubrir la esencia misma de la literatura de Sergio Pitol. "Escribir me parece un acto semejante al de tejer y destejer varios hilos narrativos arduamente trenzados donde nada se cierra y todo resulta conjetural.” Será el lector quien intente cerrarlos, resolver el misterio planteado, preferir alguna de las sugerencias: el sueño, el delirio, la vigilia. Lo demás, como siempre, son palabras.

Etcétera: Cultura http://www.etcetera.com.mx/

martes, 27 de octubre de 2009

Philip Roth


















Pedro Jesús Fernández

Pedro Jesús Fernández nació en Albacete en 1956. Es licenciado en Geografía e Historia (Historia del Arte) por la Universidad Complutense de Madrid y funcionario del Cuerpo Superior de Administradores del Estado. Después de trabajar como profesor de Arte contemporáneo en la facultad, creyó que lo suyo estaba más en la calle que en los claustros y que podía ser la gestión cultural, así que opositó y se fue a Sevilla como Jefe de Exposiciones y Museos de la Junta de Andalucía e incluso hasta reincidió en el Museo del Prado de Madrid, donde estuvo algún año de Subdirector General Adjunto. También ha pasado, entre otros, por los Ministerios de Administraciones Públicas o Educación y Ciencia hasta recalar en Turespaña, el órgano de promoción del turismo español en el exterior, donde fue responsable de Turismo Deportivo y Naturaleza y más tarde director de la Oficina Española de Turismo en México y Centroamérica. En los últimos años se ha dedicado a las relaciones con los medios de comunicación, primero en la Embajada de España en México y ahora en la de Italia, en ambos casos como Consejero de Información. Actualmente vive con su familia en Roma, atiende a la prensa, viaja y cuando puede escribe sobre lo que le gusta en El País y otros medios. También a veces, con constancia pero sin prisa, escribe y hasta publica novelas, y de tarde en tarde, pinta acuarelas.
Bibliografía

Tela de juicio (2000).Ediciones Alfaguara

Peón de rey (1998). Ediciones Alfaguara

Quién es quién en la pintura de Goya (1996). Ediciones Celeste

Quién es quién en la pintura de Velázquez (1996). Ediciones Celeste

" I Listen to the Wind, to the Wind of my Soul...

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Llanura


Sofía Mercado

"Enterrado vivo en un dédalo de espejos,me oigo, me sigo, me busco en el liso muro del silencio" Jaime Torres Bodet Nada te distrae.
Ni el chocar de las copas ni el murmullo de las voces.
Parece que observas todo: el ir y venir de los meseros ofreciendo canapés y bebidas a esta gente que juega a estar de fiesta.
El recorrido de tus ojos deja atrás esta sala para meterse en la espesura de tus pensamientos.
La fiesta continúa: besos y abrazos por un lado; por el otro, narices recién empolvadas. Noche de escotes y fracs, perfumada de gala, que empiezas a abandonar porque tú ya estás en otros sitios desolados.
Te saludan. Una sonrisa mecánica se dibuja en tus labios y desaparece cuando se dan la media vuelta y te dejan de nuevo en la llanura donde estás.
¿Quién es esta ausencia que ahora habita tu cuerpo? Te ofrecen un whisky, brindas junto con ellos. El fuego del alcohol se desliza por tu garganta.
¿Te arde el recuerdo en el pecho? Enciendes un cigarro, intentas perfilar el rostro de otro tiempo, evocas el pasado, pero el humo es denso, no ves. Los invitados bailan al son de sus urgencias.
Todo se mueve menos las horas paralíticas que se instalan en la noche y la noche se hace vieja. Aquí siguen todos menos tú. Tú que estás parada frente a un páramo desierto donde hace unas horas te fuiste a buscar.












Leona Lewis: "Happy"
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